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13 mayo 2026, 11:13 am

Vuelve Armani, pero como suplente de Beltrán, en el tramo final de un arquero-leyenda en River

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Desde hace un tiempo, cuando la debacle del ciclo de Marcelo Gallardo se hizo irrefrenable, el ambiente del estadio Monumental se puso hostil y pesado con varios jugadores. Los silbidos acompañan la mención de no pocos apellidos cuando se anuncia la formación por los altavoces. La reprobación puntual puede volver a saltar durante el partido en caso de errores con la pelota, o en el momento de ser sustituido, como le ocurrió a Facundo Colidio frente a San Lorenzo.

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El clímax se desató el domingo, con el cántico “que se vayan todos”, segundos antes del gol de Juanfer Quintero, que evitó la eliminación y llevó la definición a los penales. Ese entorno fácilmente irritable este miércoles seguramente se pondrá en pausa para dar paso al reconocimiento a un futbolista que tiene asegurada la gratitud eterna y empieza a transitar sus últimos meses en River.

El arco que le perteneció durante tanto tiempo a Franco Armani entró en una profunda transformación a partir de la serie de lesiones que sufrió desde principios de año en la pretemporada. Primero fue un desgarro y luego una tendinitis en el Aquiles derecho que se le hizo crónica y le provocó mucho dolor e incomodidad. La irrupción de Santiago Beltrán, importante por sus atajadas y por la convicción que transmite, modificó el escenario, desaceleró cualquier apuro en la reaparición del Pulpo, que el 22 de febrero tuvo una vuelta fallida.

River venía de dos derrotas consecutivas -una de local por goleada ante Tigre- y Gallardo le dio la titularidad ante Vélez en Liniers. Armani no completó el calentamiento en el campo, tuvo una tardía reacción en el gol de Manuel Lanzini y fue reemplazado tras el primer tiempo, con síntomas de no estar en su plenitud física y futbolística. El puesto volvía a ser de Beltrán y Gallardo, tras la derrota contra Vélez, asumió que se había quedado sin recursos para sacar al equipo del pozo. Al día siguiente le comunicó la renuncia a los dirigentes.

Armani, junto a Beltrán, en los festejos del plantel de River en el vestuario tras vencer a San Lorenzo en la definición por penales

Setenta y nueve días después de sus únicos 45 minutos oficiales en el año, Armani volverá a formar parte de una convocatoria. Recorrerá el pasillo del vestuario que conduce al ingreso a la cancha, pero no para ir directamente al arco, sino para ubicarse en el banco de los suplentes, sitio infrecuente en los casi ocho años y medio que lleva en River. Desde allí observará el partido contra Gimnasia La Plata, a las 21.30, por los cuartos de final del Apertura.

Beltrán mantiene el puesto y justifica la titularidad con su rendimiento, reflejado en las 11 vallas invictas en 22 encuentros. Camino a los 40 años –los cumplirá el 16 de octubre-, el tiempo y las oportunidades se empiezan a agotar para Armani, que seguramente atajará el próximo miércoles en el Monumental, ante Bragantino, por la Copa Sudamericana, debido a la suspensión de Beltrán, expulsado en Caracas, frente a Carabobo.

Avalado por diez títulos -es una de las glorias de la final de Madrid- y tercero en el ranking de arqueros con más presencias en River -con 365 partidos está detrás de los 406 de Ubaldo Fillol y los 551 de Amadeo Carrizo-, Armani merece un trato y consideración especiales. Por trayectoria, profesionalismo y su condición de capitán. Eduardo Coudet nunca se excedió en los elogios a Beltrán y tampoco le aseguró públicamente la titularidad. Tras los dos penales que atajó contra San Lorenzo, el “Chacho” lo definió como “arquero de equipo grande”, en el sentido de que responde en las pocas veces que es exigido.

Beltrán, en casi todas sus declaraciones públicas, agradeció el apoyo y los consejos de Armani, además de destacar el buen clima de trabajo entre los arqueros (también está Ezequiel Centurión).

Santiago Beltrán, la última joya de River, recibe el abrazo de sus compañeros tras atajar dos penales en la definición contra San Lorenzo
































Foto: FOTOBAIRES































Octavos de Final. Torneo Apertura. Liga Profesional.

La última vez que Armani estuvo en el banco de suplentes fue en agosto de 2025, frente a Godoy Cruz, cuando Gallardo preservó a casi todos los titulares para disputar contra Libertad la revancha de los octavos de final de la Copa Libertadores. Ese día atajó Jeremías Ledesma, que en diciembre decidió emigrar a Rosario Central ante las escasas oportunidades; ahí se le abrió otra puerta a Beltrán para su vertiginoso ascenso.

Ante Gimnasia, Armani será suplente por 12a vez. Siempre lo fue por rotación -dos cotejos de Copa Argentina-, nunca porque su nivel le hiciera perder el puesto. En cinco partidos le cedió su lugar a Ledesma, en tres a Enrique Bologna, en dos a Centurión y en uno a Germán Lux (ante Kashima Antlers por el tercer puesto del Mundial de Clubes 2018).

Ahora le toca acompañar la proyección de una aparición inesperada. No será por mucho tiempo, ya que su contrato vence en diciembre y no habrá renovación. En las últimas horas circuló un trascendido sobre una partida anticipada, después de junio, a Atlético Nacional de Medellín, donde estuvo siete años y medio, ganó 13 títulos, se convirtió en ídolo, conoció a su esposa y alguna vez lo señaló como el lugar para los últimos años de su carrera.

Consultados por este diario, medios colombianos que mantuvieron contactos con dirigentes de Atlético Nacional negaron que haya gestiones por el regreso de Armani. En el equipo paisa termina contrato en junio el veterano arquero David Ospina (37 años), apuesta que no está siendo positiva, y tanto la conducción del club como los hinchas no quieren repetir la experiencia con un arquero de avanzada edad, más allá del afecto que sienten por Armani.

Casualidad del destino, la última vez que Armani pisó el Monumental para un partido oficial fue también ante Gimnasia, el 2 de noviembre de 2025, en la derrota por 1-0. Después lo abandonó el cuerpo y apareció Beltrán. Pasaron más de seis meses para que esta noche, desde las tribunas, vuelva a bajar el “olé, olé, olé.., Pulpooo, Pulpooo..,” entre la admiración y el tributo.

La Nación

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