En una reciente entrevista, el filósofo Darío Sztajnszrajber abordó la compleja relación entre la filosofía y la búsqueda de la verdad, cuestionando las nociones tradicionales que han prevalecido en las corrientes filosóficas. Sztajnszrajber comentó que la definición de filosofía ha evolucionado, y con ella, la concepción sobre la verdad.
El especialista mencionó que muchas corrientes filosóficas sostienen que el ser humano puede encontrar la verdad, pero esta afirmación lleva a una contradicción: “La verdad es que no hay verdad”. Este planteamiento se relaciona con las ideas de Friedrich Nietzsche, quien propuso que “no hay hechos, sino interpretaciones”. Según Sztajnszrajber, es fundamental distinguir entre los diferentes tipos de verdad: la cotidiana, la científica y la filosófica.
La filosofía contemporánea, según Sztajnszrajber, se encuentra en un ciclo donde algunas posturas llegan a la conclusión de que, en última instancia, la verdad es que no hay verdad. Esta visión implica un cambio en la manera de entender las verdades cotidianas, las cuales están más relacionadas con la funcionalidad necesaria para el buen desarrollo de la vida diaria.
“Cuando uno incursiona en la filosofía, busca otro tipo de verdad, una verdad más ontológica”, explicó Sztajnszrajber. En este contexto, hizo hincapié en que “una cosa es que la cosa funcione y otra cosa es que sea verdadera”, lo que invita a una reflexión más profunda sobre lo que realmente buscamos en nombre de la verdad.
En su análisis sobre la felicidad, Sztajnszrajber se mostró crítico de las fórmulas de éxito personal que proliferan en las redes sociales. Rescató el concepto de ataraxia de Epicuro, que se refiere a la imperturbabilidad del alma y la búsqueda de placeres mínimos. Recordó una anécdota con su madre, quien definió la felicidad como la ausencia de molestias externas, alineándose con la noción epicúrea de independencia.
A pesar de reconocer que a sus 58 años aún no tiene una respuesta definitiva sobre el propósito de la vida, Sztajnszrajber destacó que su realización personal proviene del deseo de saber y del ejercicio del asombro constante.
Fuente: La Nación










