La Despensa, un nuevo emprendimiento gastronómico, ha abierto sus puertas en una antigua casona que ha sido testigo de más de un siglo de historia en Córdoba. Según Ramiro Rodríguez, director del hotel que alberga el restaurante, la intención no era simplemente abrir un lugar para comer, sino contar la historia de Córdoba desde la mesa.
La propuesta gastronómica se estructura en tres espacios interconectados: un invernadero con cocina a fuego, una cava y un laboratorio botánico. En la terraza, se han plantado especies nativas y plantas aromáticas que se integran tanto en la cocina como en la coctelería. La cava, por su parte, destaca por su selección de vinos de diversos terruños y productos artesanales de la región.
Ubicada en una casona construida en 1915, el edificio ha tenido varios usos, desde talabartería hasta escuela. Antes de su transformación en hotel boutique, pasó por diversas etapas, incluyendo un restaurante y un colegio secundario, donde se dice que estudió Ernesto Guevara. La intervención reciente ha respetado la estructura original, incorporando elementos históricos que enriquecen la experiencia de los visitantes.
La familia Rodríguez, en su esfuerzo por preservar el inmueble, logró evitar su demolición y en su lugar se llevó a cabo una restauración que tomó cinco años. Esta renovación ha permitido que Azur, el hotel que alberga a La Despensa, se convierta en un referente en la oferta hotelera de Córdoba desde su inauguración en 2009.
Recientemente, Azur fue incluido en la prestigiosa Guía Michelin 2026, un reconocimiento que resalta su compromiso con la identidad cultural de la provincia. Celeste Rodríguez Sperat, una de las propietarias, señaló que este reconocimiento significa una oportunidad para mostrar que Córdoba puede competir en el ámbito internacional en términos de hospitalidad única y cultural.
La Despensa no solo se presenta como un lugar para disfrutar de la gastronomía local, sino también como un espacio que invita a los visitantes a sumergirse en la rica cultura de Córdoba, destacando la conexión entre el paisaje y la identidad de sus habitantes.
Fuente: La Nación










