Las relaciones afectivas no siempre se cimentan en el bienestar y la alegría compartida. A veces, el sufrimiento se convierte en un elemento central que mantiene unidas a dos personas, incluso cuando este vínculo comienza a generar más dolor que felicidad. Esta compleja dinámica fue analizada por Gabriel Rolón, reconocido psicólogo y escritor argentino, en su reciente intervención en el programa Perros de la Calle.
Rolón enfatizó que no todos los vínculos que generan sufrimiento deben concluir necesariamente. Sin embargo, subrayó la importancia de identificar el límite que separa las dificultades normales de una relación de aquellas situaciones que pueden causar un daño real. «El buen amor no es el que no te hace sufrir, es el que te lastima en el límite de lo soportable», afirmó.
El especialista destacó que ninguna relación está completamente exenta de conflictos o momentos dolorosos. Las diferencias, errores y decepciones son comunes, incluso en las relaciones más saludables. El verdadero problema surge cuando esas instancias dejan de ser excepcionales y se convierten en una norma.
Según Rolón, muchas personas se sienten atadas al sufrimiento, lo que puede complicar su capacidad de reconocer cuándo el dolor se ha transformado en el núcleo de la relación. «Todos sufrimos y todos tenemos una tendencia a sufrir. Hay amores que se exceden en eso», advirtió.
El psicólogo explicó que las discusiones o actitudes negativas son parte de cualquier pareja, pero la clave está en observar la frecuencia y la intensidad de estas conductas. Un límite claro es esencial. Cuando este límite se desdibuja, las personas pueden empezar a aceptar comportamientos que previamente considerarían inaceptables.
Este proceso puede llevar a que ciertos comportamientos sean minimizados o justificados en nombre del amor. Rolón ejemplificó esta problemática con una frase común: «Bueno, ¿qué va a hacer? No pasa nada, pero yo lo amo, la amo». Justificar situaciones dolorosas en función del amor puede ser peligroso, según el especialista.
«Es una frase siniestra para justificar también cosas a las que deberíamos ponerles límites», concluyó Rolón, haciendo un llamado a la reflexión sobre la naturaleza de las relaciones afectivas y la importancia de reconocer cuándo el sufrimiento deja de ser tolerable.
Fuente: La Nación










