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Explorando el Faro Querandí: Un viaje entre naturaleza y historia

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Ubicado a 30 kilómetros al sur de Villa Gesell, el Faro Querandí se erige como un ícono de la costa argentina. Con sus 54 metros de altura y 279 escalones, su ascenso tranquilo puede tomar entre seis y diez minutos. Dos veces por semana, los suboficiales de la Armada realizan la limpieza de los 16 paneles de vidrio curvo, asegurando que la luz de la garita llegue nítida a los buques en alta mar.

En días despejados, estos custodios disfrutan de una panorámica de 360 grados que abarca desde las olas hasta las acacias. Sin embargo, su labor no siempre es sencilla; ante desperfectos o reportes de fallos, deben actuar rápidamente, incluso en medio de tormentas nocturnas, asumiendo una misión que puede extenderse hasta cinco años.

El faro no solo es un punto de referencia; forma parte de una reserva municipal de 5.757 hectáreas, que alberga la mayor porción intacta de dunas costeras en el país. Este escenario natural ofrece oportunidades únicas para el ecoturismo, caracterizado por sus 21 kilómetros de extensión y su rica biodiversidad.

Para quienes se aventuran en este entorno, la Playa Naturista Querandí es un atractivo adicional, donde nudistas disfrutan de la privacidad y la tranquilidad, bajo estrictas normas de conservación. La reserva también es hogar de especies vulnerables como el ostrero pardo y la lagartija de las dunas, que requieren de un ambiente protegido para prosperar.

Los visitantes pueden practicar actividades como el sandboard sobre los médanos, disfrutando del paisaje mientras se acercan al faro, que se distingue por su estructura blanca y negra, inaugurada en 1922. Este faro es el quinto más alto de Argentina y ha sido declarado Monumento Histórico Nacional.

La historia del faro es rica; desde su primera señal lumínica en 1916, ha guiado a numerosos barcos, siendo su luz visible a 33 kilómetros de distancia. La custodia del faro está a cargo de dos equipos de tres personas que se alternan cada quince días, realizando tareas de mantenimiento y asegurando su funcionamiento adecuado.

De día, su luz orienta a pesqueros y buques militares, y de noche, emite un patrón de destellos que lo distingue de otros faros. La frase que recibe a los visitantes al cruzar su puerta resuena con fuerza: “Lo importante es tener una guía para no perder el rumbo”, reflejando la esencia de su misión y la conexión con quienes exploran estas tierras.

Fuente: La Nación

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