A pesar de sus 50 años de historia, El Padrino ha logrado mantenerse como un clásico de la pizza porteña. Conocida por su masa alta y crujiente, esta pizzería se ha convertido en un punto de encuentro para los vecinos del barrio, quienes acuden cada mediodía y noche para disfrutar de sus contundentes porciones.
Ubicada en un local modesto, El Padrino ofrece una experiencia única con un ambiente decorado con pósters de películas y música. Los clientes pueden optar por disfrutar de las pizzas de pie, en la vereda, o sentados en las barras altas que se añadieron durante la pandemia. Entre sus especialidades se destacan la fugazzeta rellena y el imponente calzoni, que llega a pesar más de dos kilos y medio.
Lautaro Gómez Bernardiz, actual encargado del local, revela que el negocio fue fundado por sus padres en 1975, tras el cierre de una librería familiar. Aunque al principio enfrentaron dificultades en la preparación de las pizzas, con el tiempo adquirieron la experiencia necesaria para establecerse como referentes en el rubro.
El nombre de la pizzería, inspirado en la famosa película El Padrino, refleja la pasión de sus fundadores por el cine. Lautaro, quien también tiene formación musical, ha dedicado casi 40 años al negocio familiar, destacando la importancia de la tradición en su trabajo diario. «No tengo idea de la temperatura del horno, pero sé cómo hacer la pizza de memoria», comenta.
Los clientes de El Padrino son variados, desde trabajadores de fábricas cercanas hasta asistentes de eventos en el Movistar Arena. Lautaro ha sabido adaptarse a los cambios en la clientela, manteniendo la calidad de sus productos y ofreciendo opciones como la pizza envasada al vacío.
Además de las tradicionales pizzas, la pizzería también ha experimentado con nuevos sabores, aunque siempre vuelve a los clásicos que han hecho de El Padrino un lugar emblemático. La fugazzetta y el calzoni son dos de sus especialidades más reconocidas.
Un gesto distintivo de El Padrino es la inclusión de una porción de fainá como yapa con cada pizza, una tradición que comenzó en los años 90 y que se ha mantenido como una muestra de hospitalidad hacia los clientes.
Fuente: La Nación










