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19 septiembre 2026, 10:11 am

Descubre Azcuénaga: el encantador pueblo que se convierte en un destino gastronómico

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En un entorno donde la historia y la modernidad se entrelazan, el pueblo de Azcuénaga está emergiendo como un polo gastronómico rural. En la antigua Fonda de Sforzini, construida en 1903, se ha inaugurado La Piamonte, un establecimiento que combina la arquitectura tradicional con el confort contemporáneo, diseñado por el arquitecto José María Yanes, quien ha sido fundamental en la transformación del lugar.

A pesar de estar a solo 100 kilómetros de la capital, la tranquilidad del pueblo, con sus 350 habitantes, se siente en cada rincón. En las noches de viernes, Azcuénaga parece estar en calma, esperando la llegada de turistas que buscan disfrutar de su rica oferta culinaria, que incluye más de 10 restaurantes.

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Las familias y los niños juegan en las calles, mientras que la vida del pueblo sigue su curso. La hostería La Magnolia, las cabañas de Rancho Aparte y la casa El Nido son solo algunas de las opciones de alojamiento que los visitantes pueden elegir. En el Club Recreativo Apolo, la pasión por el deporte se vive intensamente, y su buffet, dirigido por Marcelo Santander y Marcela Ronco, ofrece a los visitantes platos típicos como ravioles caseros y milanesas gigantes.

El restaurante La Porteña, dirigido por Analía Capecci, es famoso por sus pastas y su especialidad, el ossobuco con risotto de calabaza. Otro lugar destacado es Almacén C&T, donde Lucas Coarasa ofrece una variedad de picadas y asados en un ambiente lleno de recuerdos del pasado ferroviario del pueblo.

Las mañanas en Azcuénaga son perfectas para disfrutar del campo. Los caminos rurales ofrecen la oportunidad de observar la fauna local, como vizcachas y lechuzas, mientras los aromas de la panadería La Moderna llenan el aire. Esta panadería, que ha estado en funcionamiento desde 1917, es conocida por su galleta de campo, que se elabora con dedicación y tradición.

El restaurante Le Four, que se trasladó hace un año, continúa ofreciendo platos franceses, mientras que una nueva propuesta de café y tortas abrirá sus puertas, cubriendo una necesidad que existía en el pueblo. La historia de Azcuénaga también se cuenta a través de las tradiciones familiares que han perdurado a lo largo de los años, desde la construcción de su capilla hasta las historias de los primeros pobladores.

A medida que se pone el sol en Azcuénaga, el pueblo regresa a su estado de serenidad. Con el canto de sapos y grillos, los viajeros se despiden, dejando atrás un lugar que, sin duda, sigue conservando el alma de su historia.

Fuente: La Nación

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