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16 mayo 2026, 3:54 pm

A 20 años de la muerte de Jorge Porcel, su lado menos conocido: libros evangélicos y un restaurante fallido

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El fallecimiento del capocómico Jorge Porcel alcanzó su aniversario número 20 y su recuerdo no sólo se encuentra ligado a una carrera que incluyó más de 40 películas, éxitos masivos en televisión y récords de audiencia junto a Alberto Olmedo, sino también a las polémicas que rodearon el humor de doble sentido, sus excesos personales y un inesperado giro religioso en sus últimos años, cuando escribió libros evangélicos y apostó por un restaurante en Miami que no logró sostenerse.

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Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el deceso del artista ocurrió tras sufrir un paro cardiorrespiratorio en Miami, Estados Unidos, a los 69 años, momento en que el actor atravesaba un delicado cuadro de salud producto de la diabetes, problemas cardíacos y complicaciones motrices que lo mantenían alejado de los escenarios y gran parte de la vida pública.

El contraste con la figura explosiva y excesiva que había dominado la pantalla durante décadas era total: instalado en Estados Unidos, Porcel se había acercado a la religión evangélica y trabajaba en una serie de escritos vinculados a la fe y la espiritualidad.

El humorista construyó una de las carreras más exitosas de la cultura popular argentina, con participación en más de 40 películas y protagónicos históricos en ciclos como “Operación Porcel”, “Las gatitas y ratones de Porcel” y “Polémica en el bar”, además de encabezar durante años temporadas teatrales en la calle Corrientes y en Mar del Plata.

Su dupla con Olmedo se transformó en un fenómeno de taquilla durante las décadas del ‘70 y ‘80, con filmes que lideraban la recaudación y programas que alcanzaban niveles de audiencia inéditos para la televisión de entonces.

Sin embargo, lejos del brillo artístico, los últimos años estuvieron atravesados por un perfil completamente distinto: radicado en norteamérica, había inaugurado “A la pasta con Porcel”, un restaurante de comida argentina e italiana decorado con imágenes de su carrera y recuerdos personales, que no logró consolidarse y cerró tiempo después, en medio de dificultades económicas y problemas de salud.

Otro de los episodios que impactó en su vida estuvo relacionado con su hijo Jorge Porcel Jr., que atravesó reiterados conflictos públicos vinculados a adicciones, denuncias mediáticas y problemas económicos tras la muerte del humorista. En paralelo, el artista profundizó su vínculo con la religión e inició la redacción de escritos vinculados a esa experiencia.

Quienes lo frecuentaban en esa etapa sostenían que buscaba alejarse definitivamente del ambiente artístico y del personaje público asociado a los excesos, el machismo televisivo y el humor sexual que lo convirtió en una de las figuras más populares y discutidas del espectáculo argentino.

Aunque los títulos de los libros nunca llegaron a difundirse en masividad, porque varios proyectos fueron inéditos o quedaron en etapa de preparación, un ejemplar llegó a publicarse bajo el nombre de “¡Sálvese quien quiera!”, editado en el año 2000, donde mezcló autobiografía, testimonios religiosos y reflexiones sobre su conversión al evangelismo.

Durante años, Porcel Jr. realizó declaraciones televisivas sobre supuestas disputas familiares por la herencia, períodos de indigencia en Estados Unidos y fuertes enfrentamientos con figuras del entorno artístico y personal de su padre, además de exponer internaciones y tratamientos vinculados al consumo problemático de drogas.

El texto funcionó como una continuación de su autobiografía anterior, “Risas, aplausos y lágrimas”, pero ya completamente atravesado por la fe cristiana. El ejemplar era una oda a la forma en que había “encontrado paz” en la religión, con un género marcado por el testimonio cristiano.

La figura del capocómico también quedó atravesada por cuestionamientos ligados al contenido de sus programas y películas, especialmente por el rol que ocupaban las denominadas “secretarias”, vedettes y actrices.

Algunas producciones fueron señaladas años después por organizaciones y especialistas en medios debido a escenas de cosificación femenina, estereotipos sexuales y rutinas basadas en el acoso o el humor de doble sentido, elementos que en aquella época dominaban gran parte de la televisión y el teatro de revistas argentino. #AgenciaNA

La Nación

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