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11 octubre 2026, 4:54 am

La Nueva Realidad Social: Crisis de Identidad y Desafíos Políticos en Argentina

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El mundo contemporáneo se encuentra inmerso en una profunda transformación caracterizada por múltiples factores que sugieren que la segunda mitad del siglo XXI será radicalmente diferente a la primera. Entre los principales factores de esta metamorfosis se destacan la rápida evolución tecnológica, con la inteligencia artificial como símbolo; los efectos del cambio climático; y cambios demográficos significativos, como la disminución de la natalidad y el aumento de la longevidad.

En este contexto, Argentina experimenta su propia reconfiguración, marcada por fenómenos globales pero con componentes únicos. La reciente irrupción de Javier Milei en la escena política ha desestabilizado el sistema de coaliciones preexistente, dejando un vacío que aún no ha sido capitalizado por ningún actor político. Este dilema actual genera una ventaja temporal para el Gobierno, que enfrenta una situación económica crítica.

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La llegada del liderazgo libertario ha provocado un cambio drástico en la lógica económica del país, pasando de un modelo estatista a uno de libre mercado. Esta transformación ha generado tensiones en diversos sectores económicos, donde algunos se benefician de las cadenas globales mientras que otros, más dependientes del mercado interno, muestran señales de declive. A diferencia de la política, donde la falta de resolución puede ser ventajosa, en la economía esta incertidumbre representa un desafío significativo.

Las transformaciones sociales, que comenzaron hace décadas, han adquirido nueva dimensión tras la pandemia. En términos generales, Argentina se ha vuelto más pobre, más envejecida y más urbanizada. La composición social del país ha cambiado, lo que ha generado un desfase entre las instituciones tradicionales y las nuevas dinámicas sociales que emergen en el siglo XXI. Este desajuste ha alimentado una crisis de representación en todos los ámbitos, que Milei ha capitalizado al apelar al desencanto generalizado con el sistema político y económico.

La clase media, antes símbolo de movilidad ascendente, se ha convertido en la principal víctima de esta transformación socioeconómica. La reciente encuesta de Management & Fit revela que el 42,1% de la clase media califica la situación económica del país como «muy mala», un porcentaje más alto que el de la clase baja. Este descontento se ha visto exacerbado por el aumento de tarifas y la reducción de subsidios.

Además, un fenómeno similar se presenta entre los adultos mayores, quienes, a pesar de ser una parte creciente de la población, sienten que sus expectativas de mejora son cada vez más bajas. Encuestas recientes indican que un alto porcentaje de este grupo considera que el país va en la dirección equivocada, lo que refleja un descontento profundo en comparación con las generaciones más jóvenes.

La urbanización extrema de la población también presenta desafíos significativos. Aproximadamente el 90% de los argentinos vive en ciudades, y esta acumulación genera tensiones en un modelo económico que favorece ciertas regiones. Las expectativas sobre el futuro varían considerablemente entre las distintas regiones del país, siendo el área metropolitana de Buenos Aires la que tiene las proyecciones más pesimistas.

Un aspecto preocupante es la creciente tendencia hacia la individualización y la desafiliación social, donde las identidades colectivas pierden fuerza y las personas buscan conexiones más personales. Esto ha llevado a una erosión del capital social y un debilitamiento del sentido de pertenencia colectiva, fenómeno que ha encontrado un reflejo en el ascenso de Milei, quien no promueve una comunidad, sino que apela al individuo.

Este cambio de paradigma ha generado un desafío para la política tradicional, que históricamente ha estado ligada a la construcción de identidades colectivas. La falta de identificación con movimientos políticos y la búsqueda de soluciones individuales marcan una nueva era donde las relaciones son más instrumentales y menos profundas.

En este marco, el economista Alberto Ades ha introducido el concepto de «identidades líquidas» para describir cómo las identidades han dejado de ser estáticas, reflejando una transformación en la forma en que las personas se relacionan tanto a nivel personal como político. Esta situación representa un desafío para los futuros líderes que aspiren a conectar con una sociedad que ha cambiado radicalmente y que es reticente a volver a unirse en torno a un propósito colectivo.

Fuente: La Nación

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