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8 septiembre 2026, 1:43 am

María se convierte en madre de acogida a los 55 años: una historia de amor y desprendimiento

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El sistema de protección infantil enfrenta serios desafíos debido a la escasez de hogares dispuestos a ofrecer un refugio a menores en situaciones vulnerables. María José Valero, a sus 55 años, ha optado por convertirse en madre de acogida, respondiendo a una necesidad urgente en el país.

Actualmente, aproximadamente 20.000 niños se encuentran bajo tutela estatal, con más de mil perteneciendo a la primera infancia. Sin embargo, la oferta de familias acogedoras ha disminuido en un 32% en los últimos años, creando una brecha preocupante en la atención de estos menores. Aunque en algunas regiones, como Cataluña, se han registrado 883 familias activas al cierre de julio de 2026, las autoridades continúan buscando nuevos voluntarios para cubrir la demanda.

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La decisión de Valero de acoger a un menor surgió de una conversación con una prima educadora social. Tras un proceso de entrevistas y evaluaciones, su familia obtuvo la aprobación para acoger de manera temporal. Este proceso también involucró a su esposo, Juan Carlos, y a su hija Edith, quien apoyó la decisión desde el principio. La modalidad elegida es el acogimiento de urgencia y diagnóstico, diseñado para evitar que bebés ingresen en centros de acogida al proporcionar un hogar provisional.

Valero comparte que su experiencia previa como madre biológica le ha facilitado ciertas tareas, aunque destaca diferencias significativas en el vínculo emocional. “Cuando vas a ser madre, te preparas para recibir a alguien que esperas que forme parte de tu vida para siempre. Cuando acoges, sabes desde el principio que ese bebé puede marcharse”, explica. Este enfoque requiere una madurez afectiva particular, enfatizando que su misión es ofrecer amor sin expectativas de permanencia.

Durante su tiempo juntas, la rutina familiar se adapta a las necesidades del bebé. Valero prioriza la tranquilidad y el contacto físico, creando un ambiente predecible. Ella describe los primeros momentos junto a la menor como cruciales para establecer una conexión de seguridad. La relación con la familia biológica es parte del proceso, y Valero intenta transmitir a la bebé que su actual entorno familiar es solo una etapa transitoria.

El miedo a la despedida es real, pero Valero elige enfocarse en el presente. “Amar no siempre significa quedarse. Puedes cuidar y querer muchísimo a un bebé sin confundir el lugar que ocupas en su vida”, señala. Su hija biológica también participa activamente en esta experiencia, apoyando la labor de sus padres y comprendiendo el propósito de su compromiso.

Valero no busca reparar las vivencias previas de los menores, sino ofrecer una experiencia alternativa basada en la estabilidad y el afecto. Su objetivo es claro: proporcionar un capítulo positivo en la historia de cada niño que acoge. La mayor recompensa para ella se encuentra en la partida segura del bebé hacia una nueva etapa, contribuyendo así a restaurar la confianza en el mundo para aquellos que enfrentan separaciones tempranas.

La labor de las familias de acogida constituye un pilar esencial en la red de protección infantil actual, resaltando la importancia de brindar amor y estabilidad a quienes más lo necesitan.

Fuente: La Nación

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