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28 agosto 2026, 2:50 am

Oliden: El pueblo que resiste al olvido gracias a su icónica panadería

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Ubicado a 90 kilómetros de la capital, Oliden es un destino que evoca la tranquilidad rural y la rica tradición gastronómica. Este pequeño pueblo, accesible en una hora de viaje desde la ciudad, se distingue por su panadería histórica, La Olidense, que ha mantenido vivo el legado familiar a través de generaciones.

El recorrido hacia Oliden es un deleite visual. A medida que se avanza por la RP 36, el paisaje se transforma en un túnel verde formado por árboles que flanquean las casitas del pueblo, creando un ambiente acogedor. Fundado en 1914, el pueblo se desarrolló alrededor de una estación de tren que fue clausurada en 1977, lo que provocó un éxodo gradual de sus habitantes. Sin embargo, un grupo de vecinos, incluyendo a la familia Arteta, decidió permanecer y preservar la esencia del lugar.

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La historia de La Olidense

La panadería, inaugurada en 1922 por la señora Catoni, se ha convertido en un símbolo de resistencia. Su construcción fue un esfuerzo comunitario, donde se fabricaron manualmente los ladrillos que forman su estructura. Hoy, el legado continúa con Osvaldo Arteta, quien se unió al negocio familiar en 1957 y ha transmitido su pasión por la panadería a su hijo Pablo. «Ver a mis hijos mantener la tradición es el orgullo más grande», expresa Osvaldo.

El secreto de la galleta de campo

La galleta de campo de La Olidense es reconocida por su textura única, resultado de un meticuloso proceso de amasado que incluye 22 vueltas en la máquina sobadora. Este cuidado se traduce en una corteza crujiente y una miga ligera. El horneado se realiza en un horno de leña, una técnica que se está perdiendo en la panadería moderna. Además, la panadería ofrece otras delicias como tortas negras y una variedad de pastas caseras.

Un destino turístico en crecimiento

A medida que los viajeros descubren Oliden, el pueblo se ha convertido en un polo de turismo rural gastronómico. Su Fiesta Provincial de la Galleta de Campo atrae a numerosos visitantes cada septiembre, quienes disfrutan de platos típicos y espectáculos folclóricos. Las antiguas edificaciones y la Capilla Inmaculada Concepción, construida con esfuerzo comunitario, son otros puntos de interés que enriquecen la visita.

La Estación Oliden, preservada en excelente estado, y el almacén La Piara, que ofrece chacinados artesanales, son testimonios de la rica historia local. Con cada visita, los turistas no solo disfrutan de la gastronomía, sino que también experimentan la calidez y la tradición de un pueblo que se resiste a ser olvidado.

Fuente: La Nación

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