Un reciente estudio pone de relieve cómo la interpretación de las conductas de perros y gatos afecta las decisiones de sus dueños. Un simple gruñido, ladrido o bufido puede ser visto como una señal de miedo o enojo, y esta percepción influye en la reacción de las personas, que varían desde apartar al animal hasta considerar su adopción.
Detalles del estudio sobre reacciones hacia animales adoptados
El estudio, llevado a cabo por Anna E. Holloway y Michael A. Kisley, investigadores de la Universidad de Colorado, fue publicado en la revista Frontiers in Psychology. Para ello, se analizaron las respuestas de 194 adultos residentes en Estados Unidos, quienes fueron reclutados a través de la plataforma Prolific.
Los participantes, con edades entre 21 y 78 años, fueron expuestos a dos situaciones hipotéticas que involucraban a un gato y a un perro adoptados recientemente. Cada escenario presentaba conductas defensivas que variaban en intensidad, desde tensar el cuerpo y retroceder hasta mostrar los dientes y vocalizar de manera amenazante.
Percepción de emociones y respuestas conductuales
Los participantes evaluaron el nivel de temor e ira que percibían en los animales, así como su disposición a actuar en consecuencia. Los resultados mostraron que, en general, se atribuyó más miedo (3,94) que enojo (3,61) a las conductas observadas.
Cuando el miedo era la emoción predominante, los dueños tendían a llevar al animal a otra habitación como respuesta más aceptada. En contraste, la percepción de enojo estaba asociada a decisiones más drásticas, como devolver al animal al refugio o incluso golpearlo.
Acciones más comunes y factores influyentes
Entre las acciones más aceptadas, trasladar al animal a otra habitación fue la opción mejor valorada, con un promedio de 3,08 sobre cuatro. Seguido por contactar a un entrenador (2,70) y considerar medicamentos (1,85). Las alternativas de devolver al animal o buscarle un nuevo hogar obtuvieron puntuaciones bajas, indicando una menor disposición hacia estas acciones.
Los resultados también indicaron que quienes valoraban más las emociones de los animales mostraron menos disposición a tomar decisiones severas, como devolver o golpear a un gato. Además, una mayor experiencia con gatos se asoció con una menor intención de reubicarlos.
Fuente: La Nación










