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29 julio 2026, 3:01 am

Infancias sin Rehenes: La Justicia Argentina Frente a un Desafío Urgente

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Los conflictos familiares intensos a menudo convierten a los niños en las verdaderas víctimas de disputas que no eligieron. En medio de peleas entre adultos, muchos menores dejan de ver a uno de sus padres, abuelos o incluso a sus hermanos, quedando atrapados en situaciones que les afectan profundamente.

La protección de la infancia es una obligación fundamental, pero muchas veces ese argumento es mal utilizado, convirtiendo la protección en una forma de violencia. Cuando un niño se convierte en una herramienta para castigar al otro progenitor, la situación se torna compleja. La manipulación emocional se presenta de diversas formas, como obstáculos para mantener el contacto o la construcción de relatos negativos sobre el otro padre.

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Es crucial plantear cómo la voz del niño puede estar influenciada por los conflictos de los adultos. Si bien existen casos reales de violencia familiar, el sistema judicial debe tener la capacidad de distinguir entre una denuncia legítima y una acusación que busca perjudicar al otro. La respuesta judicial a menudo es excesiva, suspendiendo contactos y restringiendo comunicaciones, lo que puede causar daños irreparables en los vínculos familiares.

El tiempo de la justicia no siempre coincide con el tiempo de la infancia. Para un niño, un año puede significar perder momentos importantes de su desarrollo. Las demoras en los procesos judiciales pueden resultar en daños emocionales que no pueden revertirse. Cuando finalmente se emite una resolución, el daño ya ha sido hecho.

La discusión debe centrarse no solo en escuchar al niño, sino también en comprender el contexto de su relato. Investigar implica analizar situaciones, detectar manipulaciones y utilizar herramientas técnicas adecuadas. La intervención judicial debe ser sensible pero rigurosa, entendiendo que cada caso es una historia en desarrollo.

Las instituciones deben actuar cuando se incumplen las normas de comunicación y cuando se utilizan denuncias falsas como tácticas de presión. La falta de consecuencias para tales conductas envía un mensaje peligroso: manipular los vínculos puede ser efectivo. Jueces, fiscales, abogados y otros operadores del sistema deben cuestionarse si sus intervenciones realmente protegen al niño o si, por el contrario, amplifican el conflicto entre adultos.

Hablar de infancias sin rehenes significa adoptar un enfoque serio que priorice el interés superior del niño. La justicia debe investigar con celeridad y evitar que los menores se conviertan en instrumentos de venganza. Los conflictos entre adultos pueden resolverse, pero la infancia solo se vive una vez. Cuando la justicia actúa con demora o permite manipulaciones, los más perjudicados son aquellos a quienes se supone que debe proteger.

Fuente: La Nación

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